Boca y River protagonizaron una nueva edición del Superclásico devaluado en el que lo importante fue salvar el honor en un campeonato que, como ha sucedido en los últimos tiempos, no los tiene como protagonistas por los buenos resultados. Boca recibíó en La Bombonera a su archirrival de toda la vida con el objetivo de mantenerse por la senda de la victoria y con la ilusión de poder entrar en la disputa de la Copa Sudamericana. En cambio, River llegó con la urgencia de ganar para evitar caer en zona de Promoción y soñar con alcanzar a Vélez en la cima. Además, el máximo goleador del equipo de La Ribera Martín Palermo jugaba su último Superclásico y quería despedirse por la puerta grande haciendo gala de una sala costumbre: Convertir. Del otro lado, lo esperaba el mejor arquero del Campeonato Juan Pablo Carrizo. Un duelo del que se habló tanto en la semana como del propio partido.
El partido arrancó con las imprecisiones lógicas por parte de ambos equipos. Ninguno de los dos quería arriesgar demasiado. El que tomó la iniciativa fue River a través de los desbordes de Paulo Ferrari, Erik Lamela y Roberto Pereyra, quienes se las ingeniaban para buscar a su delantero Mariano Pavone, que esperaba en el área para poder encontrar el tan ansiado grito de gol. El defensor de Boca Juan Manuel Insaurralde estuvo firme en el fondo, hasta que en una jugada se equivocó y le sirvió la pelota a Pavone, pero rápidamente se reivindicó y tapó el remate del ex Estudiantes.
Los minutos pasaban y no había situaciones claras de gol. Sin embargo, a los 26 minutos el delantero de Boca Pablo Mouche desbordó por el lateral izquierdo, tiró un centro que casi se le cuela a Carrizo, pero el arquero del Millonario logró despejarla al corner. Fue en ese tiro de esquina que los de La Ribera pudieron golpear primero. Mouche envió un centro al área, y Carrizo se equivocó y empujó la pelota para su propia valla. Así, Boca se ponía en ventaja en el marcador. Tres minutos más tarde del primer grito, el Xeneize se encontró con el segundo. La defensa de River despejó un centro, el rebote lo capturó Nicolás Colazzo, quien la devolvió al área para Palermo, quien definió de cabeza por arriba de Carrizo y así Boca se iba a los vestuarios con el 2-0 a su favor.
En el segundo tiempo, River arrancó decidido a buscar el descuento y empezó a generarle riesgos al arco de Boca. Lamela tuvo un tiro libre que fue despejado por Lucchetti al córner. En el minuto 53, Pavone controló la pelota en el punto de penal y se la picó a media altura al Laucha, y cuando la pelota estaba por cruzar la línea llegó Luciano Monzón para evitar el primero del Millonario. Dos minutos más tarde, el Xeneize reaccionó y tuvo una clara situación por medio de Mouche, quien recibió un centro de Colazzo y desperdició una chance inmejorable con la derecha.
El tiempo se consumía y Boca manejaba la pelota con más precisión, pero no llegaba más. Riquelme se hacía dueño y ponía en ridículo a sus rivales con sus amagues. Los hinchas locales deliraban con el resultado a su favor y se burlaban de su rival por el promedio. River iba con más corazón que fútbol, pero no podía generar situaciones de gol. Almeyda cometió una infracción contra Mouche y se ganó la amarilla que lo marginó del próximo duelo ante San Lorenzo por llegar al límite de tarjetas. Luego se fue expulsado por discutir con Rodríguez y salió de la cancha besándose el escudo de su equipo. El momento más emotivo se vivió cuando Falcioni sacó del campo de juego a Palermo, quien se retiró ovacionado por los hinchas en su último Superclásico. Así, Boca se llevó la victoria y sigue ilusionado con meterse a las Copas.
La próxima fecha, Boca visitará a Arsenal en Sarandí, mientras que River recibirá a San Lorenzo de Almagro en el Monumental.
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